Hoy, es un día diferente al resto. Por fin, creo que empiezo a encontrarle sentido a mi via. Ha sido en un homilía, pero he decir que me ha hecho pensar en cosas que hasta ahora no tenía en cuenta.

Digamos que no estoy pasando la mejor época de mi vida o quizás desde que empecé a tener uso de razón no me sentía todo lo feliz que pudiera, exceptuando muchos momentos que realmente me han hecho sentirme muy feliz. Pero hoy, me he dado cuenta que no tengo que seguir buscando la felicidad. No es que me tenga que conformar con lo que tengo y no hacer nada más. Pero tengo la felicidad, lo único es que no la sé valorar. ¿Por qué no ser feliz con lo que tengo?

Tengo un padre y una madre que me quieren, que darían lo que fuera por mí. Tengo dos hermanas que también me quieren y que me apoyan cuando más las necesito. Tengo una casa donde vivir y comida cada día. Puedo estudiar una carrera. Tengo pocos, muy pocos amigos con los que contar, pero por lo menos los tengo. No puedo seguir sintiendome sola como hasta ahora. Por que tengo gente a mi lado, y no me voy a sentir sola más.

Tengo tantos motivos para ser feliz y no los he valorado hasta ahora. Soy joven y me queda mucha vida por delante, por qué seguir amargándomela. Quizás mucha gente piense que eso es lo normal, pero para mí no. Son las cosas simples, esas pequeñas cosas las que te hacen enseñar los dientes con una sonrisa. Y aunque después de darme cuenta de esto, siento que me falta algo en la vida. Voy a empezar a creerme todo esto y valorarlo. Por que no hay cosa más frustrante en la vida que buscar la felicidad sin más. O eso pienso yo. No hay que buscarla, sino valorarla.

Y esta vez la voy a valorar en mí y no en los demás. No voy a sentirme sólo feliz por lo que me hagan los demás, si no por mí. Es hora de que me sienta feliz por las cosas que hago y no sólo por las que hacen los demás.

Doy gracias a todas las personas que me ayudan cada día.