¿Por qué no hechar andar? ¿Por qué no llegar hasta dónde me guíe el corazón?
Hay momentos en los que me encantaría salir de mi casa antes del amanecer, cuando aún el sol no ha regalado sus primeros rayos de calor y luz. Y dirigirme hacia dónde me diga ese día el corazón, andar y andar sin tener por qué llegar a ningún lado, pero dirigiéndome hacia algún lugar. Sólo yo. Sólo mi cuerpo y mi mente, sin nada más. Y mientras camino, ver cómo amanece y cómo anochece. Ver cómo el sol me deslumbra y sentir cómo me mojan las gotas de lluvia. Levantar la mirada hacia el cielo y ver más allá de lo que me rodea en ese momento.
¿Hasta dónde llegaría?

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